Hicimos una parada inesperada en San Juan sin previo aviso y como estábamos de viaje y no podíamos conectarnos a Internet, me fié de la guía “Puerto Rico”, publicada por Lonely Planet, que me acababa de comprar en la librería del aeropuerto. Le hacía una muy buena crítica a este hotel y jamás me he sentido más traicionado por una guía de viajes en mi vida. Era horrible, uno de los peores sitios en que he estado en más de 40 años viajando por todo el mundo. La pinta era como que hace 10 o 15 años PODRÍA haber estado bien, pero hacía mucho, mucho tiempo que lo estaban descuidando. Era muuuuuy deprimente y sombrío. En vacaciones lo que te apetece no es precisamente estar en un sitio donde no se puede soportar pasar un minuto despierto. No diría que estaba muy sucio, pero desde luego sí muy hecho polvo. Las cortinas estaban rasgadas y estaban como descolgadas, así que no se podían abrir ni cerrar (estaban sucias, igual que la colcha, pero el suelo y el baño estaban bastante limpios, si no tenías en cuenta los pelos de otras personas que había en las paredes de la ducha, etc.). La lámpara estaba hecha un asco, toda rota. Los teléfonos de las habitaciones no funcionaban y el aire acondicionado era viejo y muy ruidoso. Durante más de un día no tuvimos agua en la ducha, en el lavabo ni en la cisterna. En la terraza del piso de arriba no hay agua en la fuente y los maceteros están llenos de malas hierbas, como si hiciera siglos que no subiera nadie. Los empleados parecían agradables y simpáticos, pero el sitio en sí semejante birria, que no se lo recomendaría a nadie. Además, el barrio no parecía muy seguro: había barrotes en todas las ventanas y las aceras estaban rotas.