Al llegar a él lo primero que notará es que todo el frente del hotel, incluida el área de la calle frente a la recepción, está obstruida por postes colocados para impedir que usted se estacione. Si se le ocurre preguntarle al botones dónde puede poner su vehículo mientras se registra, le contestará con un encogimiento de hombros y le señalará la calle mientras le contesta preguntándole “¿tiene reservación”. Si su respuesta es positiva, le dirá que ponga su vehículo obstruyendo la entrada de alguna propiedad vecina y le explicará que no puede usar el estacionamiento del hotel si no es huésped.
Una vez registrado lo marcarán con una cinta en la muñeca y, al entrar con su vehículo, se dará cuenta que parte del hotel es utilizado como cuartel de la Policía Federal. Piense que durante su estancia compartirá las instalaciones del hotel, incluido el comedor, con los efectivos de esta fuerza policiaca.
Si usted necesita pasar por algún área donde una empleada acaba de pasar el trapeador, esté preparado para recibir un regaño por haberlo hecho. Si usted le responde que deberían haber puesto alguna señal de piso mojado o de no pasar, tenga cuidado pues desatará su ira y su lengua.
En el restaurante usted deberá esperar al menos cuarenta minutos para que le sirvan una hamburguesa descongelada y un club sándwich, así que le recomendamos el bufete. Aunque su calidad es mínima, al menos no tendrá que esperar.
A la hora del aseo de las habitaciones, la empleada entrará sin tocar y, si usted está dormido, lo despertará para informarle que tiene media hora para salir antes de que ella regrese.
Finalmente, cuando falte media hora para que expire su tiempo en el hotel, esté preparado para que le llamen cada dos minutos hasta que deje la habitación.
En resumen: los estándares de calidad en el servicio más bajos que he visto en Acapulco.
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