Estuvimos alojados en enero, cuando finalizaron las vacaciones de invierno, y debo decir que era un paraíso, poca gente, poco ruido y el hotel para nosotros solos, prácticamente. En la recepción nos atendieron muy rápido y de forma atenta, y aunque llegamos más temprano del horario del check in nos dieron nuestra habitación rápidamente. Leí críticas a la distribución del hotel...a nosotros nos pareció muy fuera de lo común, aprovechando el terreno en terrazas que lo hacen muy coqueto y con una vista espléndida de la bahía. Si bien es bastante laberíntico, una vez que te ubicás, recorrerlo es facil y no tiene demasiadas vueltas, para los que se quejan de los ascensores, está la alternativa de las escaleras! Es verdad que el ascensor central que lleva a la pileta y la playa es un poco más lento de lo común...pero quién tiene apuro en Acapulco y de vacaciones??? Nos encantó la variedad de comidas que hay para el desayuno y la simpatía del señor que prepara los huevos de veinte mil formas, siempre de buen humor y con paciencia para todo el mundo. Pudimos desayunar distinto todos los días y disfrutar las noches de gastronomía temática con muy buenas propuestas para toda la familia. Un par de noches fuimos al restaurante italiano, para el cual recomiendo que reserven lo más temprano que puedan, y con mesa al aire libre super romántica y con vista increíble al mar. No dejan entrar con chicos chicos, eso me parecio bien y te piden código de vestido. A nosotros nos pareció ideal para ir con nuestros hijos que disfrutan a full de todo lo que proponen en los all inclusive, porque tenés todo al alcance y con gran seguridad, porque la playa la tenés enfrente, el mar es tranquilo con oleaje suave, tenés un snack con toda clase de cosas ricas para picar, un bar en la pileta y actividades prácticamente todo el día, a las que se prenden sobre todo los chicos. Realmente es para descansar y no tener que pensar adónde te vas a ir a almorzar o a divertir. Está suficientemente lejos de todo y a la vez cerca de la costanera por si querés ir a conocer la vida nocturna de Acapulco. En el lobby te llaman un taxi y en 5 minutos estás en alguno de los shoppings, caminando por la avenida principal, o conociendo alguna otra playa cercana, como Puerto Marqués o el Revolcadero, que vale la pena conocer. Nuestras habitaciones estaban conectadas y muy cómodas, con vista hermosa al mar, las camas muy cómodas y con detalles de las mucamas en el arreglo de los baños y los amenities. Nos gustó mucho la variedad de comidas del mar en el restaurante cercano a la pileta El Pescador, con ceviches de mil formas, ensaladas y carnes para elegir. Los mozos siempre fueron muy atentos y el servicio rapidísimo, eso sí, conviene llegar temprano para no esperar mesa, y al contrario, poder elegir dónde sentarse. Los animadores tienen una pila bárbara, son amorosos con los chicos y no te están encima si no querés participar, al contrario. Hubo una promo de masajes al aire libre y hay que decir que la masajista muy buena! En la playa las actividades son de primera, con préstamo de kayaks, yoga y partidos de volley internacionales, con muy buena onda. De verdad pasamos unas vacaciones muy relajadas y seguras, este hotel es precisamente para eso, para no preocuparse por nada sobre todo si estás con la familia.
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