Este hotel lo he visitado por más de 10 años, lo formidable de éste lugar es que te tratan como si fueran parte de la familia, parte de ellos, con el debido respeto.
El hotel es cierto, es viejo, pero confortable, siempre llego a los de vista al mar, aunque algunas veces he tenido que estar en vista interior e inclusive en sus departamentos, el agua de allí no tiene mucha calidad, pero creo es el único inconveniente que le pondría. Sus instalaciones son viejas, pero tiene ése espíritu mazatleco que en ninguna otra parte lo encontrará, en sus paredes se respiran otras épocas, en sus pasillos hasta temor se respira, por lo que se dice que hay allí, aunque nunca me he topado con nada extraño ni fuera de otro mundo.
Desde las camareras, los botones, los bell boys (nico lleva allí más de 30 años), los recepcionistas y hasta alicia la administradora, nos tratan muy bien, sólo el gringo que está allí de administrador general como que no encaja, es medio sangrón, pero de allí en fuera el personal se preocupa por atender sin esperar nada a cambio. Dentro de las limitaciones de presupuesto que les tienen impuestas, tratan de ayudarle siempre a uno con los problemas cotidianos. Les hacen falta teléfonos a los cuartos, pero he encontrado en ésto una ventaja: no te andan molestando de la oficina o la familia, especial para perderse por completo, además se encuentra muy cercas de lo mejor de Mazatlán: su gente y el centro histórico.
Seguiré hospedándome allí, aunque pueda yo llegar a otro lado, no me sentiría agusto en un htel donde no me conozcan ni me traten como familia.
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