En febrero de este año fuimos en viaje de familia a Cuernavaca. Si bien ya conocíamos la ciudad, era la primera vez que decidíamos quedarnos el fin de semana alli. Optamos por el Hotel Las Quintas pues prometía ser un lugar tradicional y remodelado, según la información brindada. Al llegar a la recepción nos pareció interesante y bien decorado. Todo rodeado de jardines, cuidados pero lamentablemente con un diseño que parecía haber sido realizado en los '70. Lamentablemente al llegar a nuestra habitación todo fue de mal en peor. La decoración dejaba mucho que desear, de mal gusto. Faltan muebles y la iluminación es insuficiente. Las camas incómodas. Al estar en planta baja, y rodeado de jardines, era totalmente oscura y si se quiere abrir la cortina, todos lo que pasan te miran.
Luego de descansar fuimos al bar para tomar algo. El servicio es realmente lento y el pastel tres leches que pedimos dejaba mucho que desear.
Al día siguiente, al salir al parque escuche muchos niños gritando en la alberca, cosa que me quitó las ganas de ir alli a asolearme un rato.
El gimnasio es pequeño y no cuenta con aire acondicionado.
Fuimos al brunch muy promocionado y allí entendimos el por que la gente prefiere este lugar. No solo los turistas acuden alli, sino también lugareños, los que pasan muchas horas comiendo y comiendo. Es bueno y abundante, pero lamentablemente eso no compensa el servicio deficiente y el hotel decadente y desactualizado que lo brinda.
Sin lugar a dudas, ni pienso volver a parar en ese hotel
- Hosteria Las Quintas Hotel
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