Lo bueno: desayuno (estilo mexicano) abundante. Personal amable y con ganas de ayudar. Alejado del centro y locación sin ruidos.
Lo malo: no hay sala para punto de relajación y reunión con otros viajeros. No hay estacionamiento. Está ubicado en un callejón que tiene muchas escaleras para llegar hasta el alojamiento (no apto para personas en mal estado físico). Puertas de latón que abran y cierran con estruendo. Si estás alojado en el último piso, hay allí una terraza y los jóvenes se juntan a la noche, así que se escucha el ruido que hacen.
(En época del Cervantino, el hostel estaba lleno de jóvenes mexicanos con cero cultura hostel)
