Quiero compartir con ustedes mi caso, por si consideran que tiene algún valor a la hora de planear algún evento en este hotel:
1. Con motivo de una intervención quirúrgica a la que fui sometido de urgencia el pasado 9 de mayo de 2011, me ví obligado a cancelar una reservación en el Salón Iztak del Hotel Royal Pedregal en el que el 27 del mismo mes celebraría el cumpleaños de mi hija. La cancelación de dicha reservación la hice del conocimiento, vía telefónica, de la Srita. Marissa Jorge, con el propósito de evitar cargos o penalizaciones. Yo me encontraba todavía en el hospital. Días después, ya estando convaleciente en casa, le escribí con el mismo fin una comunicación y la envíe por correo electrónico. La respuesta que recibí es que el Hotel se quedaría con el 50 por ciento de lo que ya he pagado, lo que me parece un exceso y un trato totalmente injusto, toda vez que la cancelación se hizo por una causa de fuerza mayor y la petición telefónica de cancelación la hice en tiempo y forma.
2. Pero el fondo del asunto está en el trato insensible y displicente del prestador de servicios que no distingue entre razones de suma gravedad para cancelar una reservación. En mi caso, la situación familiar en esos días de mayo fue sumamente delicada. No había manera alguna de priorizar otras agendas más que las de la salud.
3. ¿Es posible que los prestadores de un servicio, como en este caso el Hotel Royal Pedregal, sean completamente indiferentes a las delicadas circunstancias por las que pasan sus clientes? ¿Esto es sano para la generación de confianza tan necesaria en momentos en que el tejido social de la nación se consume ante la indiferencia de algunos empresarios o peor aún de algunos de sus empleados?
4. La suma reclamada no es mucha, pero he decidido llevar mi queja a todas las instancias institucionales y ventilar mi caso en los medios de comunicación porque estoy cierto de que, en las cosas pequeñas –que en el fondo no lo son-, se define la calidad de nuestra vida y la vigencia de nuestro Estado de derecho. En más de un sentido, oferentes de servicios como lo es el Hotel Royal Pedregal, deben saber que no pueden pasar sobre la dignidad de las personas, ni mucho menos hacer lo que quieran con base a una estructura regida por el dinero, por sus intereses y que tampoco se pueden rodear de empleados que gozan con el sufrimiento de sus clientes. Sin verdadera vocación de servicio se pierde la mística de una firma, de un corporativo o de un grupo empresarial.
Tengo para mí la certeza de que, en justicia, corresponde la devolución total de los anticipos pagados por concepto de la reservación cancelada. Pero si al final, Royal Pedregal impone sus criterios, habré por lo menos intentado un reclamo que considero justo, con base a la libertad de expresión que nos asiste constitucionalmente.
Gerardo Nieto
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