El hotel es un lugar mágico al entrar te transporta a otro tiempo, es como si estuvieras entrando a una hacienda, tiene algo especial que te seduce, me lo habian recomendado mucho, respiras paz y tránquilidad en su jardín y terrazas, el servicio de limpieza excelente todos los días no dejaban toallas con figuras de cisnes, aunque en el baño solo habia 1 jaboncito tan pequeño que no podias lavarte la cara con el, el personal de recepción siempre amable y dispuesto a ayudarte, te hacen sentir especial cuando te preguntan como estuvo tu día es como volver a casa, lo unico que no recomiendo es el servicio de restaurante, el desayuno es muy pobre, el jugo de naranja es de días anteriores, la fruta es limitada, te sirven muy poco, teniamos la idea mi esposo y yo de que al estar en Oaxaca el queso era de rancho, pero no, nos dieron nuestros chilaquiles con un queso rayado que tenia un sabor extraño, el pan es frio de no se cuantos dias, atiende una jovencita de no muy buen humor, solo desayunamos un día y los demas salimos fuera, te recomiendo que desayunes en cualquier restaurante del zocalo los precios son los mismos y ahi te atienden meseros agradables o si prefieres de verdad comer como los oaxaqueños visita el mercado 20 de noviembre, todo esta delicioso, pregunta en recepción por Rosi ella te recomienda excelente lugares para comer y para pasear, te da opciones de transportación fuera de mi mala experiencia con el desayuno , el Hotel es un primor.
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