El hotel está practicamente en el centro de la ciudad, las habitaciones son esenciales, pero limpias y acogedoras; nuestro cuarto de baño era limpio, como las toallas y la alfombra. Los dueños italianos, Francesca y Roberto, son muy simpáticos: cuando llegamos muy tarde de noche Francesca estaba esperándonos, así pudimos ordenar el desayuno por el día siguiente, una verdadera esquisitez servida en el típico patio, con "cappuccino" y mermelada casera. Uno podría también desayunar fuera del hotel por casi la mitad del precio pero el patio es un lugar muy raro. Hay una conexión Internet en el patio, no en las habitaciones, y un ordenador para los huéspedes. Nos quedamos allí por 5 días, conocimos mucha gente y hicimos muchas excursiones, algunas reservadas directamente del hotel. Partimos a las seis de la mañana dejando simplemente la llave en la puerta de la habitación.
El hotel es una explosión de colores y de luz: estamos acostumbrados a viajar y hemos visto muchos hoteles, ¡pero este es una pequeña perla! ¡Me gustaría volver con nuestros amigos!
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