Como periodista estoy acostumbrado a viajar por todo el mundo. En general, encuentro frialdad y a veces eficacia. Jorge, el propietario y arquitecto de Amaranto, es un tipo simpático, inteligente y lleno de sensibilidad. Recomiendo el bed & breakfast (hotel con encanto) y el personaje.
Me parece fascinante el mundo de casitas blancas, muy Gaudianas por cierto, tocadas con sombreros de palmeras tejidas. La posibilidad de vivir la vida de un pueblecito como S. Miguel, en un espacio que bien podía haber sido rescatado de la selva, la considero una experiencia única.
Me sentí libre, gané un amigo extraordinario y Amaranto me facilitó todo lo demás: proyectos de excursiones, playas solitarias inmensas, buceo ... No de cualquier manera, sino guiado siempre por una legión de amigos.
Yo no concebiría Cozumel sin Amaranto.
Cozumel es una pequeña isla del Caribe mexicano, todavía a salvo de un turismo masificado. Bueno, tiene el turismo itinerante de los grandes cruceros, que se detienen para que los americanos compren diamantes.
Pero yo voy a otra cosa. Me gusta la gente de San Miguel, los tacos mexicanos y el "margarita" bajo una palapa, junto a una mujer guapa, mientras observo la increíble puesta de sol en el Caribe. Además, siempre he soñado con que la bañera de mi casa fuera el mar inmenso y a su temperatura. Imagínense unas termas romanas descomunales, junto a una selva llena de misterios y sugerencias.
No lo recomiendo. Se lo exijo: ¡disfrútelo! Y luego me lo cuenta. Y si no me lo cuenta, recuerde que yo se lo recomendé.
Le espero en Cozumel.
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