Este hotel tiene una localización muy especial, como su mismo nombre lo indica, se encuentra en la Terrasse Dufferin, una amplia pasarela de madera desde donde tienes las más estupendas vistas de Quebec City, el río San Lorenzo y la localidad de Lévis. Es un lugar extraordinario y lleno de mucho encanto, muy cerca de todos los atractivos del Vieux-Quebec, los mejores restaurantes y tiendas de souvenirs, todo lo podrás conseguir a pocos minutos caminando (Place Royale, Quartier Petit Champlain, Citadelle de Québec, Parc de Artillerie). Realmente, lo que más valoré de mi estadía fue la excelente ubicación del Hotel.
Las instalaciones son sencillas, nada de lujos, bien conservadas, decorado en un estilo conservador y poco moderno. Se trata de una edificación característica de la zona y un tanto antigua. Las habitaciones cuentan con TV y servicio de Internet inalámbrico. Cuando llegamos, la habitación y el baño se encontraban limpios, al igual que toallas y sabanas. Sin embargo, la habitación tenia cierto olor de humedad característico de estas construcciones viejas y en zonas de mucha humedad. Inmediatamente uno de mis amigos se lo comentó al personal de recepción, y vinieron enseguida a tratar de ayudarnos, incluso nos ofrecieron cambiar la habitación por otra de la misma categoría que estuviera disponible, también nos dijeron que podíamos ver las habitaciones y seleccionar la que más nos agradara. Me pareció que la atención del personal de recepción fue bien diligente, para tratar de hacernos sentir conformes y cómodos en el hotel.
Todo el personal que ahí trabaja fue respetuoso y siempre dispuesto a ayudar. En cuanto a la limpieza y apariencia, considero que el hotel podría lucir mucho mejor, por ejemplo, las alfombras se encuentran un poco descuidadas. En general, fue grato hospedarse en este hotel, sencillo, buena atención y la mejor ubicación de Quebec City.
