Hace un par de años había visitado ya este pequeño hotel ubicado en Cabrils, muy cerca de Barcelona. Y ahora que lo he redescubierto, tengo claro que volveré en cuanto pueda. Es una antigua masía renovada con un gusto impecable: tanto en el interior como en el jardín, la sala de la chimenea (de hecho es una antigua estufa de hierro macizo, espectacular, en una pequeña sala reconvertida en zona de lectura con vistas al jardín) o la terraza, todo está cuidado hasta el más mínimo detalle. Las habitaciones son todas diferentes (y con nombres de ciudades: Barcelona, Menorca, Pamplona..), cada una con su personalidad, buenas vistas, mucha luz, techos altos, camas inmensas (muy cómodas también), y combinando un estilo rústico pero siempre con la comodidad como fin último. Mención aparte tiene el cuarto de baño: diseño muy actual, pared de pizarra, grifería moderna, espacioso, también luminoso... También hay un par de salas de estar en las plantas 1 y 2, en las que poder leer una revista o servirse una bebida a cualquier hora; sólo hay que apuntar lo que te has tomado (por ejemplo, un gin tonic, mi debilidad) y a disfrutar. En fin, que se nota en todo momento el toque personal de los propietarios (Francesc, por ejemplo, está siempre presente y al tanto de que todo quede perfecto). Y si hemos disfrutado en invierno, en verano ya será punto y aparte: el jardín invita a pasar horas en cualquiera de sus mesas (creo que organizan cenas y comidas en verano - no así en estas fechas, en las que sí se puede desayunar pero no sirven comidas o cenas), e incluso tomarse un baño en una pequeña piscina, no apta para nadadores "profesionales" pero suficiente para refrescarse y relajarse en días calurosos.
