Mi estancia en el hotel fue de diez días. Lo elegí por las buenas críticas y por su arquitectura tan especial, ya había estado en Londres en dos ocasiones y cada vez que pasaba por delante pensaba que tenía que probarlo algún día. Al llegar a recepción pedí que si era posible me diesen una habitación en un piso alto y con vistas a la calle, me informaron que estaba todo ocupado y sólo podían darme una con vistas al patio interior, pero que podía intentar cambiar al día siguiente ya que varios huéspedes dejaban el hotel. La habitación, la número 556, era pequeña y el baño antiguo y con una cortina de ducha que se te quedaba pegada en cuanto abrías el grifo, y casi no había presión de agua, por lo que ducharse era bastante incómodo. La cama diminuta, he estado en otros hoteles en Londres en los que tienen camas queen en las habitaciones sencillas, pero este las tiene de 90. El armario era tan diminuto que sólo cabía la caja fuerte puesta boca arriba y casi no había espacio para nada más. Y a pesar de tener secador y tabla de plancar, no hay minibar, y la tv es antigua y con pocos canales. El hervidor de agua estaba mohoso. Lo peor fue que los fines de semana celebran bodas y todo el ruido de las celebraciones se escucha a través del patio interior como si fuese un altavoz. Entre eso y el ruido de la cisterna estropeada me fue imposible pegar ojo esa noche. A la mañana siguiente solicité que me cambiasen de habitación por el ruido y me informaron que si dejaba la maleta hecha a lo largo de la mañana me cambiarían. Al volver de mi paseo, pasado el mediodía pregunté por mi nueva habitación y ¡cuál es mi sorpresa al ver que me habían asignado la misma en la que estaba! XD Se lo comuniqué y rápidamente lo solucionaron dándome una habitación con vistas a la calle en el sexto piso, la 610. El doble de amplia que la anterior, con un baño antiguo pero acondicionado, mampara de cristal y ventanas tanto en la habitación como en el baño, y con vistas a King's Cross St. Pancras. El armario, un poco más grande, pero aún así pequeño, imposible meter la maleta dentro, la tele igual de antigua y sin minibar, pero a pesar de todo la habitación estaba bien acondicionada y a pesar de no tener cristales dobles bastante silenciosa por lo que por fin pude dormir a gusto. Caja fuerte, secador, tabla de planchar y café y té gratis, como es típico en Londres. La ropa de cama se cambia cada dos días y las toallas por petición del huesped, y la limpieza es bastante buena aunque se podrían esmerar un poco mas con la aspiradora ya que la moqueta siempre soltaba pelo, algo bastante incómodo si eres alérgico.
El desayuno, en mi caso continental, muy escaso y poco variado. Y por lo que pude ver en los platos de otros huéspedes lo mismo se puede decir del desayuno inglés, por el que te cobran 14 libras si no lo tienes incluído.
Tiene conexión wifi gratuita, pero sólo en la recepción del hotel, donde hay sólo unas pocas butacas para sentarse. Si se quiere internet en la habitación hay opción de contratar adsl por cable pagando 15 libras por cada 24 horas continuas de acceso.
En general, el hotel es muy bonito, las habitaciones son bastante cómodas y la situación es inmejorable, al lado de una parada de metro (la de Russell Square, directa al aeropuerto), a pocos minutos del British Museum y a sólo dos pasos de The Brunswick, una pequeña plaza comercial con tiendas y restaurantes. Precisamente en esta pequeña plaza hay una Patiserie Valerie, uno de los mejores sitios de Londres para desayunar, los pasteles son increíbles, aconsejo probarlo por lo menos una vez. Hay un Tesco y un Pret a Manger justo en la calle de al lado, frente al metro, y tiene parada de autobús al lado, y un parque en frente estupendo para relajarse entre salidas. Tienen que mejorar pequeños detalles para merecer esas cuatro estrellas, como acabar de modernizar los baños y las habitaciones, o poner camas más grandes en las habitaciones sencillas, el desayuno es espantoso para lo que cobran por él, y una nevera en la habitación estaría genial, además de unas buenas ventanas dobles para amortiguar el ruido. Lo mejor, y una de las razones por las que se pueden pasar por alto casi todos sus defectos, es el trato del personal, que es exquisito, se esfuerzan por ayudarte en lo que pueden y son muy atentos y amables.
Si la ocasión se presenta sin duda repetiría, aunque sin la opción del desayuno, sólo el alojamiento.
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