Cuando llegamos al Sumner, el taxista no lo encontraba con facilidad porque solamente tiene una discreta placa al lado de la puerta; parece más un club privado que un hotel. Nada más entrar, el estilo del hotel salta a la vista: muy sencillo, decorado con mucho gusto, con detalles muy bonitos y bien pensados. El salón de estar, enfrente de la recepción, es un salón grande de una casa londinense típica, con su chimenea y sus acogedores sillones, aunque quizás no lo suficientemente iluminado en las oscuras tardes y noches de invierno (esto último también se aplica a las habitaciones). Hay una agradable música clásica de fondo, un ordenador con acceso a internet (también puede uno conectarse con un propio portátil desde las habitaciones) y una librería bien provista de guías de Londres y de novelas, para el uso de los huéspedes, así como una mesa con la prensa del día y las revistas semanales.
La habitación "king" que nos dieron al principio era la mayor del hotel, tengo entendido, y efectivamente tuvimos espacio de sobra, aunque poco armario. La habitación "queen" en la que estuvimos después era bastante más pequeña, pero correcta; de nuevo muy poco sitio para poner ropa, y el baño no tenía bañera sino ducha. Lo mejor son las camas (comodísimas), el hecho de que todo esté impecablemente limpio, los baños muy cómodos y muy nuevos, las duchas estupendas. Yo no oí ruido alguno por la noche y dormí especialmente bien. Si acaso, la primera noche pasamos calor porque no estamos acostumbrados a la calefacción y a los edredones, pero en realidad los radiadores pueden controlarse desde la propia habitación.
En las habitaciones sí eché de menos una tetera eléctrica, con tazas para hacer té y café, que es habitual en los hoteles británicos. Pero me trajeron agua caliente a la habitación una vez que la pedí, y me dijeron que pronto las pondrían.
El desayuno era un buffet pequeño pero adecuado. Los calientes estaban muy ricos (huevos revueltos recién hechos, salchichas o bacon, judías con tomate y huevos escalfados). Hay zumos, cereales, café o té, un par de quesos y embutidos, fruta, pan fresco, tostadas, etc. Personalmente prefiero esto a una gran variedad de cosas sin calidad. Lo único que me pareció de baja calidad en el buffet fueron los cruasanes, que se veía que llevaban unos días en la bolsa, los pobres; las naranjas tampoco estaban recién compradas.
El personal del hotel es muy amable y siempre dispuesto a ayudar, lo cual es mucho para Londres, donde en muchos sitios te tratan con la punta del pie. La mayoría son polacos pero hablan un inglés perfecto, de hecho al principio pensé que eran ingleses. Se ve que tienen mucho interés en que la gente salga contenta del hotel, y eso se agradece, porque hacen un esfuerzo para que estés a gusto.
La situación del hotel es para mi gusto muy buena, a cinco minutos caminando de la estación de metro de Marble Arch y de todas las paradas de autobús de Oxford Street. El barrio es bastante étnico, lleno de restaurantes libaneses y marroquíes, aunque no exclusivamente; también hay un restaurante de pescado con muy buena pinta a la vuelta de la esquina, un japonés, un chino, un pub, de todo. Personalmente me gustó mucho el Maroush que está más cerca del hotel, en la esquina de Seymour Pl con Seymour St.
Definitivamente, volvería al Sumner.
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