Me hospedé en este hotel durante 34 noches y por ello creo que puedo ofrecer una opinión bastante completa. El sitio en sí es cutre, pero depende de lo que se esté buscando, y en Londres es difícil encontrar lugares mejores por ese precio.
A nosotras en particular nos hicieron un precio especial por quedarnos más de un mes, y nos trataron muy bien en todo momento. Sin embargo, tuvimos una serie de percances y hay varios puntos que no tiene desperdicio comentar...
En primer lugar, la noche en que llegamos nos mandaron a una habitación en el sótano, que de entrada no nos gustó nada porque en nuestro país la gente no vive bajo tierra, si bien es algo muy habitual en el Reino Unido. Esa misma noche les comentamos que no nos gustaba y nos pidieron que esperásemos al día siguiente para hablarlo. Acabaron de convencernos de huir de aquel cuarto dos hechos: primero, que por las mañanas iba y venía gente justo al lado de nuestra ventana y podía vernos y casi entrar, porque sólo había una rejilla cutre que los separaba de nosotros; y segundo, que a los tres o cuatro días de estar allí apareció una araña gigante en medio de la pared y el encargado al que avisamos no fue capaz de sacarla o matarla, y se estuvo cachondeando de nosotras un buen rato.
Tardaron sobre una semana en encontrarnos una habitación nueva, y nos mandaron al tercer piso, que en realidad es como un cuarto o un quinto, dada la altura de cada escalón. Las escaleras son horribles, no caben los pies en ellas y hay que agarrarse a los pasamanos para no despeñarse. Además, hay precipicios para cruzar de un lado del pasillo a otro, y si no se va con cuidado pueden ser peligrosos. Subir las maletas fue un auténtico show, y para bajarlas el último día casi nos caemos.
La habitación que teníamos en el sótano no nos gustaba, pero la de arriba, aunque más espaciosa, hay que decir que estaba en pendiente, lo cual se apreciaba perfectamente al mirar hacia las camas y al cajón de la mesilla, que se abría solo debido a la inclinación del suelo. Por eso mismo, las paredes tampoco eran muy rectas que se diga, y la puerta no arrimaba bien contra el suelo; tuvimos suerte, porque había habitaciones que tenían un boquete de cinco centímetros entre el suelo y la puerta.
En las habitaciones hay una pileta con dos grifos, uno para el agua fría y otro para el agua caliente. El del agua fría echaba cuando quería solamente, y el del agua caliente, que tenía un cartelito que rezaba: "Be careful! Very hot water", echaba agua fría.
En cuanto a la limpieza, la verdad es que los baños están bien, pero en las habitaciones pasan la aspiradora por la moqueta donde se ve (es decir, debajo de las camas no) y poco más. Las camas las hacen de cualquier manera; con decir que una vez me dejaron la sábana toda enrollada y le echaron la colcha por encima con todo el morro...
Las toallas tardan siglos en cambiarlas, de hecho nosotras les dejamos una vez una nota pidiendo que por favor nos pusieran unas limpias. A veces nos dejaban cuatro o cinco (éramos tres), y a veces dejaban sólo dos y teníamos que ir a la recepción a pedirlas. Las sábanas también las cambiaban sólo cuando les parecía, y en una ocasión a una de mis amigas le cambiaron las almohadas y le pusieron una que no tenía nada dentro, era como una toalla, sólo la tela de fuera.
Tampoco hay un horario de limpieza: algunas veces a las 12 de la mañana ya andaban por allí, y otras volvíamos al cuarto a las 16 y nos pedían que esperásemos, que iban a limpiar. También cabe destacar que en una ocasión una de las señoras de la limpieza estaba por allí con su hija de 4 años y la niña andaba a su aire por las habitaciones haciendo lo que le daba la gana...
En cuanto a los cuartos de baño, son un cachondeo. La ducha del sótano tiene el espacio justo para entrar y salir: sólo se puede dar un paso para meterse en la ducha, y otro paso para salir de ella. Las del resto del edificio son muy variopintas. Hay unas que tienen una especie de calentador con dos ruedas: una para la temperatura y otra para la presión. La de la temperatura no sirve absolutamente para nada, y la de la presión lo que hace es aumentar la temperatura, por lo que no os sorprendáis si salís de allí con quemaduras de primer grado. Luego hay otras dos duchas que, mientras estuvimos allí, no funcionaron: una echaba agua fría y la otra directamente no echaba agua. Un día, mientras estábamos dentro de una de ellas tratando de ducharnos, pegaron los del hotel un cartel en la puerta poniendo que estaba fuera de servicio.
La supuesta conexión a internet del hotel no funciona más que en la sala común, y para eso se desconecta cada dos por tres. El ordenador, la televisión y la luz en la sala están encendidos 24 horas, no sé cómo todavía no se han recalentado...
Cabe destacar asimismo que las paredes son de papel y lo que dices en voz baja se oye en todo el edificio; una noche una vecina estúpida que sólo se quedó dos noches fue a avisar a recepción de que estábamos montando un escándalo, cuando sólo hablábamos en voz baja. Por supuesto, el recepcionista no nos riñó.
En cuanto al personal, hay de todo, pero en general es amable y trata de que los clientes estén cómodos. Lo que sí es verdad es que se comunican a base de notitas que te dejan por debajo de la puerta del cuarto en lugar de decirte las cosas a la cara, y en una ocasión una chica nos entregó al llegar al hotel una nota escrita por ella misma, en lugar de contarnos lo que pasaba. A la hora de pagar no te exigen nada hasta el final de la semana, pero hay que guardar los recibos, porque sino no se enteran de nada... deberían pensar en informatizar la información de sus clientes, porque eso de los pliegos extendidos encima de la mesa no funciona... los pobres se volvían locos intentando comprobar si estaba todo pagado.
Las horas del desayuno son fijas, pero se puede solicitar el día antes que te lo dejen preparado para otra hora, y para nosotras lo tuvieron sin ningún problema. Los desayunos son todo lo variados que se puede permitir un hotelillo así: tienen zumo (asqueroso), café, té, cacao, tostadas, o bien el English breakfast. Hay una señora muy amable que lo sirve y que siempre se metía con nosotras porque decía que no comíamos. El resto de camareros son aleatorios y hay gente nueva cada día: tenemos la teoría de que si trabajas allí no pagas la habitación o algo. No llegamos a investigarlo.
Después hay un personaje mítico que supuestamente trabaja en el hotel, pero que no hace nada aparte de sentarse en el sofá y contarle su vida a todo el que puede. Casi nadie le escucha y personalmente os recomiendo darle poca conversación o no os lo sacaréis de encima. Además, es un cotilla que mira descaradamente lo que hace la gente en sus ordenadores y se asoma por las puertas a vigilar. No sería de extrañar que viviese allí gratis, ya que también hay otra señora que reconoció abiertamente que vivía allí porque era amiga del dueño y no pagaba nada.
En general es un sitio poco recomendable, pero te echas unas risas entre la arquitectura magistral, los precipicios y los cajones que se abren solos. Es un lugar cutre, pero no vas a encontrar en Londres algo mucho mejor si no estás dispuesto a pagar un dineral, y más vale malo conocido que bueno por conocer... Posiblemente volvería, precisamente por eso.
- St Athans Hotel
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