Estuvimos el pasado mes de Agosto, una semana, en la habitación número 2.
Estoy enamorada de Edimburgo, y este B&B me encantó. Todo impecablemente limpio, ordenado. La casa preciosa, los dueños encantadores. Nos informaron perfectamente de todo. Buses, sitios que visitar... Un día me puse enferma por comer ostras en un restaurante. Las ostras estaban buenas, pero mi organismo se ve que no las tolera. Mi chico fue a pedirle infusiones a Dawn y se las dió al momento. Al día siguiente el detalle de Tony al preguntarme si estaba mejor me gustó. No es la frialdad de un hotel. Está muy bien situado, a 5 minutos del centro en bus, que pasan continuamente. Tampoco tienes problema para aparcar el coche, en esa zona no se paga. Si necesitas algo, plancha para la ropa o cualquier cosa, ahí están, al momento. Los desayunos, geniales.
Soy fumadora, y logicamente no se puede fumar dentro. Pero no hay problema en que te fumes tus cigarros en el jardincito que tienen delante. Tony me dió un cenicero! De verdad, me encantó. La pena es que cuando nos fuimos era cuando más empezábamos a hablar. Pero desde luego que volveremos. Y lo más increíble, el final. Nos ayudaron a meter el equipaje en el coche, nos dieron un abrazo y dos besos y nos despidieron con la mano hasta que los perdimos de vista. Me fui llorando, porque me iba de Edimburgo que es una ciudad a la que amo, pero también por el trato tan bueno y tan familiar que recibimos allí. Espero que tengan muchísima suerte. Se la merecen.
Carmen
