Un lugar encantador en nuestra primera visita a Edimburgo (y el Reino Unido). El servicio, del que se encargaban Lynne y Franco, era extremadamente eficaz y cordial. Siempre parecían encontrar tiempo para ayudarnos, incluso con los pequeños problemas. El desayuno era generoso y estaba servido con mucho estilo, además incluía distintas especialidades cada día. La decoración de la casa era encantadora, aunque entiendo que no sea del agrado de todo el mundo, ya que tenía colores fuertes y detalles tradicionales y elegantes. Nuestra habitación estaba en el 2º piso y daba a la calle, así que durante el día era un poco ruidosa, pero durante la noche el nivel de ruido era bastante aceptable. La única queja se refiere a un olor extraño (¿problemas de humedad, quizás?) que notábamos en nuestra habitación y que luego no apreciábamos en ningún otro lugar de la casa. Hemos de tener en cuenta que se trata de una casa muy vieja. En general, recomendaría este hotel a aquellos que quieran disfrutar de un servicio genuinamente amable a la par que eficaz en una casa de huéspedes ubicada muy cerca del centro de la ciudad.
