Cuando solicité información, Jonathan Ross, manager de la agencia, poco menos que me persiguió por teléfono y por mail. Antes de hacer la reserva vi las malas críticas y le pedí explicaciones. Me contó que durante un tiempo habían tenido problemas con la empresa de mantenimiento y que ya estaba solucionado, que confiara en él. Después de varios correos decidimos intentarlo. ¡Qué metedura de pata!
Dos semanas antes del viaje contacté de nuevo con Jonathan Ross recordándole que íbamos, que faltaban dos semanas, a lo que contestó que todo estaba bien.
Habíamos reservado 3 apartamentos del 14 al 20 de mayo en plena Royal Mile y cuando nos presentamos en la agencia, en Queens St. 6, teníamos la reserva ¡¡para el 14 de junio!! esa noche ya estaban ocupados los apartamentos así como las noches del 17 y 18. Con un cabreo considerable y mi medio inglés conseguimos que nos dieran dos apartamentos para pasar esa noche. Estaban, andando, a media hora del centro. Tuvimos que dormir 3 en uno y 3 en otro, mi cama estaba rota y dormí en el suelo sobre un colchón sucísimo de 3 cm. de gomaespuma.
Las dos siguientes noches las pasamos en los nuestros. Las noches del 17 y 18 nos fuimos a Inverness, cuando habíamos pensado pasar allí sólo una noche.
Por supuesto nos llevamos las llaves de los apartamentos porque íbamos a volver el jueves y no nos fiábamos de que no estuvieran otra vez ocupados.
Cuando llegamos y dejamos las maletas, felices porque parecía que todo estaba bien, nos fuimos a dar una vuelta y nos llamaron diciendo que teníamos que desalojar los apartamentos porque nos habían dicho que el jueves nos daban otros distintos dentro del mismo edificio y que si no ibamos en 15 minutos nos sacaban las maletas a la calle.
En ningún momento nos habían dicho eso y además ni sabían de qué estaban hablando porque dos de los apartamentos que se supone que teníamos que desalojar eran los mismos que teníamos que ocupar. Cuando llegamos a devolver la llave del único apartamento que nos quitaban, la persona que nos estaba esperando no tenía la llave del apartamento nuevo, tuvimos que perder otra media hora esperando a que nos la trajera para poder entrar.
En fin, todo un desastre, una semana con las maletas de un lado para otro, perdiendo tiempo en solucionar problemas, gastando un día más en Inverness que no necesitábamos.
Y el famoso Jonathan Ross en ningún momento dio la cara, ya no me perseguía por teléfono, lo solucionaron todo sus compañeros y de mala manera.
Recordad, NO ELIJAIS SCOTTISH APARTMENTS, NUNCA.
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