El hotel estuvo excelente. Primeramente, la habitación era acogedora, y se sentía como estar en casa. La cama era increíblemente cómoda, y tenía una linda televisión de pantalla plana que podíamos ver desde la cama. El baño era encantador, amplio, y la ducha, por sí sola, era adorable. La habitación nos gustó muchísimo.
El personal era amable y cortés.
El desayuno estaba para morirse.
Nos pareció que tenía un buen precio, y nos encantó alojarnos allí.
Sin duda me alojaría de nuevo allí y lo recomiendo a todos los que vayan a Edimburgo. El autobús nos tomó, como máximo, 15 minutos hacia el centro de la ciudad.
