Con todos los informes positivos que había leído, mi pareja y yo llegamos sabiendo qué esperar. Habíamos reservado uno de los vagones del ferrocarril. En primer lugar nos dimos cuenta de que el parking estaba vacío y tuvimos razón al asumir que éramos los únicos huéspedes.
El vagón que nos enseñaron estaba horriblemente descuidado, como nos pareció que estaba el jardín, por ejemplo, el "estanque" de fuera del vagón estaba lleno de algas y era un horror, se veía todo el revestimiento y no mucha agua. Sobre el porche, conforme entramos en el vagón, había un pájaro que había muerto por algo y se había quedado allí pudriéndose. En el interior había telas de araña sobre las ventanas y cuando fuimos a encender la tele, nos dimos cuenta de que había una ratonera rentokil. Estaba todo muy deteriorado y sucio y como los jardines de alrededor, necesitaban algo de atención. Para ser sincero, parecía como si hubieran limpiado los baños pero no mucho más. El porche del otro vagón había acumulado meses y meses de excrementos de paloma, cosa que reconoció el propietario, pero no hizo nada.
Conocí al simpático del propietario, Colin, por la mañana. Le dije que nos íbamos y me acompañó para que le enseñase lo que he dicho antes. Colin se disculpó y nos rebajó dinero de la estancia de esa noche.
Fue como si todo lo hubieran creado con mucha imaginación los propietarios anteriores, pero a lo largo de los años se hubiera puesto tan deteriorado que necesitase una reforma total/limpieza/pintura/cambios de muebles.
No es que nos esperásemos el Orient Express, pero por 130$ la noche desde luego más de lo que nos dieron.
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