Aunque no cabe duda que fue una de las mejores opciones después de los hostales que visitamos, dejaba bastante que desear en comparación con otros albergues y hostales independientes. El precio era desorbitado para los servicios que ofrecía; tan solo se podría justificar de acuerdo con la media de edad de la gente que se alojaba en el lugar, la cual giraba en torno a las 35-55 años. Y es que parecía más una alternativa económica para gente con recursos que para jóvenes mochileros, como era nuestro caso.
La zona en la que estaba situado era tranquila y de gente adinerada, lo que garantizaba un mínimo de seguridad por la noche. No obstante, se trataba de un barrio residencial, alejado del centro de la ciudad, a una media hora a pie. Si bien disponía de conexión a Internet, ésta era de pago (1 libra la hora), muy lenta y tan solo permitía consultar información en el explorador, algo de lo que no te previenen cuando te dan el código de acceso. Por tanto, no cuentes con él si deseas conectarte al MSN o al Skype, por ejemplo, para hablar con tus familiares.
Además, las habitaciones no son mixtas, por lo que si vas en pareja olvida compartir la misma habitación. Sin embargo, en este sentido, cabe señalar que muchos hostales en esta ciudad concretamente parecían seguir esa misma política.
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