La entrada al hotel no resulta muy evidente, después de atravesar una pendiente llena de curvas llegué al hotel. Los alrededores del hotel son de verdad preciosos. El césped está bien cortado y hay flores. La zona de aparcamiento tiene un buen tamaño. El anfitrión, Michael, me abrió la puerta para que pasara. Despues de registrarme y pagar, cogió mi equipaje y me llevó a mi habitación. La habitación en realidad es como una pequeña suite, con una amplia sala de estar. Todo está muy limpio y ordenado. La decoración es lo suficientemente acogedora. Hay incluso un fuego eléctrico en la sala de estar. La zona donde sirven el desayuno es grande.
