Reservé para el día 8, 9 y 10 de Agosto de 2008 para un grupo de 11 personas. Los recepcionistas no pudieron ser más serviciales, con mención especial a Laura que arregló el transporte para mi familia y nuestros invitados, uno de los cuales venían de América y estaba discapacitado. Luego, el sábado por la noche, el número de invitados ascendió a 15. El viernes por la tarde tomamos unas copas en el bar. Pero en el bar empezaron a escasear enseguida la Coca Light, Coca-cola, Malibú, Brandy.. no fue un gran problema pero pasó. La mañana del sábado teníamos el desayuno concertado para las 9. 00 pero hasta 9. 40 no nos empezó a atender un agradable camarero norteamericano y hasta las 10. 10 no llegó nuestro desayuno. La cena del sábado se reservó para 15 personas a las 8. 00 pm. Todos estábamos allí para las 8. 15 pm y no se nos acercó una camarero hasta las 9. 00 momento en que empezó a tomar la comanda. Pero entonces, una alto camarero francés empezó a hablar con él y se marchó a servir la comida de otra mesa. Pasados 10 minutos volvió para terminar de tomar nota del pedido inacabado, entonces nos dijo que estaban cortos de carne y tan sólo les quedaban 5 chuletones de ternera y 3 platos de pollo. Los restantes 7 invitados bucearon por el menú intentado encontrar algo en la minúscula selección de la carta. Empezamos a cenar a las 10. 00 aunque algunas cosas no llegaron hasta las 10. 30 Por fin todos estábamos cenando algo a las 10. 50 Se acercaron a preguntarnos si íbamos a querer algo de postre, los mayores declinamos la oferta pero los más jóvenes si estaban interesados. 10 min. después de haber pedido, nos dijeron que ¡no les quedaba de la mitad de las cosas que habíamos pedido! En busca de consuelo tras nuestro calvario de 3 horas no fuimos al bar para ver el espectáculo. Dos de nosotros pedimos la ronda de copas en el bar. Un buen gestor se habría asegurado de reponer lo que se había acabado la noche anterior pero en el Inchrie ese no es el caso pues no había Vodka, Baileys, Tónica.. eso si, nos comentaron jocosamente que teníamos suerte de que tuviesen cerveza. Al final conseguimos apañarnos para que cada uno tomase una copa. En la siguiente ronda pensamos que podías tomarnos una o dos copas del tradicional malta e incluso un whisky blended pero incluso en las medidas de los 3 whisky y las 5 maltas fallaron y de tal modo que al barman le daba vergüenza...esta fue la experiencia del sábado, una experiencia que nuestro grupo podrá contar por el mundo a mucha gente. Durante todo este tiempo nadie pareció estar al cargo o hacerse responsable del fiasco generalizado. El desayuno del domingo nos lo íbamos a tomar todos con calma y quedamos a las 9. 00. A eso de las 10. 00 algunos tuvimos el honor de ser servidos. Finalmente nos encontramos todos a las 11. 00 comidos y lavados y sin nadie por allí al cargo. Salimos a pasar el día fuera con la idea de cenar en cualquier otro sitio dado el desastre de cena de la noche anterior. Unos pocos del grupo volvieron al hotel a las 10:15 pm y se encontraron el bar cerrado. Al preguntar el motivo, les dijeron que el barman se había ido a casa. Unos de los invitados consideró oportuno avisar a los que ya estaba camino de vuelta al hotel. Estos regresaron al Hostelrey y luego, hete aquí que uno del grupo recibió una llamada en su habitación del Director de Operaciones del hotel curioseando sobre por donde andaban algunos invitados a las 11. 45. Regresamos con el rabo entre las piernas y la cabeza agachada listos para ser fustigados por cometer la falta de irnos a pasarlo bien fuera del hotel... No nos fustigaron pero nos recibieron con una radiante sonrisa y con la declaración del que ¡el bar estaba cerrado! Llegó la mañana del lunes y en el desayuno el Director de Operaciones volvió a deleitarnos con su presencia y pensó que sería divertido decirnos que nuestro desastroso fin de semana podríamos recordarlo en el futuro como algo gracioso y divertido. ¡Pues no, no lo ha sido!, está fue la última oportunidad que tenía algunos de los parientes más ancianos para reunirse... Visto con perspectiva, lo mejor que se puede decir del total desastre creado por la falta total de cuidado al cliente por parte de la administración de este hotel es que fue funesta y nefasta y que se podría arreglar si los dueños domasen el control y infundiesen unas reglas básicas de hospitalidad en este edificio medio abandonado para que así prosperarse hacía algo muy muy especial. Tan sólo necesitan a alguien que se responsabilice, se asegure de que haya comida y atención a sus cliente en todo momento. Desgraciadamente, nuestra experiencia con la administración durante el check-out y el evidente bochorno del personal de recepción que vio de primera mano lo que había sucedido durante el fin de semana, nos demostró que, pudiendo, no tenían la más mínima intención de hacer el más mínimo esfuerzo. Volveremos a Aberfoyle y a ver a las magníficas gente que lo hacen tan acogedor pero nunca volveremos el Castillo de Inchrie.