Aunque la experiencia no fue terrible, no recomiendo la estancia en este sitio. Éramos un grupo de varios amigos y tuve la ocasión de ver otra de las habitaciones aparte de la mía. Ambas estaban en el mismo estado: moqueta bastante sucia, humedades viejas en las paredes que no se habían solucionado y que habían quedado como enormes manchas negras, papeleras sin limpiar, colcha de cama en estado lamentable (tanto que la escondimos en el armario por no verla más) y baños de risa. Digo de risa porque a pesar de contar con lavabo, WC y ducha, el espacio disponible para moverse era mínimo, apenas suficiente para girar sobre uno mismo. Son baños que se han creado robándole parte de espacio a las tradicionales habitaciones sin baño, con lo que son sumamente pequeños e incómodos. La ventana de mi baño no cerraba por completo porque una hiedra había trepado por toda esa pared, con lo cual ducharse con el frío de la calle entrando no fue muy agradable.
La dueña de la casa, que fue con la que traté la estancia, justo estaba de vacaciones en esas fechas y a la llegada nos atendió un chaval muy joven y muy dispuesto, de unos 15 años calculo, y por las mañanas en el desayuno una señora bastante agradable que debía ser la hermana de la dueña. Eran bastante agradables, de eso no tengo queja ninguna, pero su casa no lo es, de ahí mi opinión negativa. La casa necesita un repaso urgente. Por supuesto que el precio que pagamos nos pareció caro para lo que obtuvimos.
Está bastante cerca del centro y justo frente a la entrada de la Universidad, eso es un punto positivo. No volvería a ir, probaría de todas todas en otro sitio antes que volver a éste.
