Es imposible encontrar un lugar más cerca del centro de la ciudad de Dublín excepto por el hotel Westbury o el Shelbourne. Este hotel es acogedor y decorado con mucho gusto. Me encantó, encantó, encantó la preciosa cama doble que nos dieron, con un lujoso cuarto de baño. Facilitaban un Pillow Menu (Menú de almohadas) del que me aproveché, así como de la terapia de pies en el balneario, que tras un largo día de compras y toda la noche en la ciudad andando en zapatos nuevos de mucho tacón resultó fantástica. Además, tengo que decir que el desayuno fue probablemente uno de los mejores de todos los que he tomado en otros sitios. En el bufé se ofrecían yogures naturales frescos y cremosos y una enorme variedad de frutos frescos y secos y compota casera recién hecha, aunque también el menú caliente era delicioso. El servicio es excelente.
- Hotel Dublin
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