El hotel es bonito, el personal es amable y todas nuestras peticiones se atendieron con diligencia. La decoración es bonita y da la impresión de que el hotel se ha remodelado recientemente, en los últimos años, a pesar de que nuestra habitación empezaba a mostrar los primeros signos del deterioro. Si te vas a alojar aquí, asegúrate de que pides una habitación que no esté delante del aparcamiento de gravilla lateral. El ruido de los coches girando a solo unos metros de donde estás durmiendo es bastante molesto. Las camas son cómodas y te dan un edredón en condiciones. Por el contrario, la cortina de la ducha era de las que yo odio tanto, de esas que se te pega al cuerpo cuando se enciende la ducha y por lo general no resulta demasiado higiénica. La comida está bien pero no es ninguna maravilla, a pesar de la decoración del restaurante y de lo que cobran. Si volviese a Killarney, probablemente echaría una ojeada en otros hoteles antes de regresar automáticamente a este. Aunque no está mal.
- Killarney Oaks Hotel
