Preciosa, grande y señorial casa de campo llena de antigüedades y de sabor a elegancia antigua. El propietario, Sr. Beazley, encantador, cortés y amistoso, como todos los irlandeses que encontré durante mi viaje. Hectáreas de terreno a ambos lado de la casa, con jardines, bosque y un simpático caballo de nombre Príncipe que vino a saludarnos cuando le llamamos. Ubicada sobre una suave pendiente, tiene unas vistas impresionantes al lago y el Parque Natural de Killarney. El personal es amabilísimo, el desayuno perfecto, servido en un agradable y luminoso comedor centenario decorado con vajillas antiguas, la mesa puesta con todo detalle. Nuestra habitación era inmensa, tipo suite que incluia hasta un saloncito para ver la tele,, con todas las comodidades y un gran baño con piezas nuevas e impecables. La limpieza, impecable también. Y los colchones una maravilla. Un lugar absolutamente perfecto, en mi opinión.
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