El hotel estaba situado en pleno centro de este precioso pueblecito de Irlanda. Las habitaciones eran nuevas y muy amplias con un cuarto de baño impecable. Las zonas comunes muy acogedoras. El desayuno muy rico, con croissants y magdalenas recién hechas y macedonia de fruta cortada personalmente para tí en el momento. Además en el patio de entrada había música en directo al atardecer, muy ambientada, pero que en nada interrumpía el descanso. Si a todo esto le añades un precio muy muy razonable, el resultado es un hotel altamente recomendable para alojarse en él.
- Scotts Hotel Killarney
