El hotel está situado a 1 km del centro histórico de Burdeos, caminando se tardan unos veinte minutos como máximo, aunque también se puede ir en tranvía reduciendo la duración a 10 minutos y siendo trayecto directo sin cambiar de línea.
Hasta aquí parece una ubicación ideal, pero no es todo, el hotel tiene vistas al cementerio de la ciudad, de las que gozan la mayoría de las habitaciones, a excepción de las que dan a un patio trasero.
Según la información que facilita el propio hotel, fue reformado en 2007, no obstante, los muebles datan de mucho antes, y se caracterizan por su poca estética apariencia.
En general la decoración de las habitaciones es horrible, de un pésimo gusto y totalmente desfasada. A diferencia de estas, el vestíbulo y el exterior mantienen una apariencia actual.
En la habitación hay una pequeña cocina con utensilios por si se quiere cocinar, aunque para estancias cortas no se le saca provecho.
Las camas son individuales y estás dispuestas tipo nido, cosa que te obliga montar y desmontar una de las dos camas para moverte por la habitación, y le da un aspecto aún más descuidado.
El hotel sirve desayunos previo pago en recepción, consistentes en un buffet poco variado para el precio del desayuno.
Por lo que respeta a la limpieza, esta es inexistente, no limpian las habitaciones a diario ni cambian sábanas ni toallas.
Ofrecen parking a 7 euros las 24 horas, cosa muy interesante en una ciudad como Burdeos dónde el aparcar se convierte en un problema.
El personal del hotel es correcto a secas.
Lo peor... casi todo, incluido lo mal señalizado que está y lo que nos costó encontrarlo, y lo mejor... la proximidad al centro histórico.
No lo recomendaría a nadie, aunque volviera a Burdeos y no encontrara hotel no volvería.
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