Aunque su ubicación es estupenda las habitaciones en sí están un poco anticuadas. La atmósfera de la habitación podía ser un poco cargada ya que carecían de aire acondicionado, pero tampoco podíamos dejar las ventanas abiertas cuando nos marchábamos porque estábamos en la planta baja. Le Bout de la Rue, un restaurante a un par de puertas más abajo, servía deliciosos mejillones y patatas fritas que merecía la pena probar. El aparcamiento está como a 10 min andando por lo que sería conveniente que dejaras tu equipaje en el hotel y así evitar que lo arrastres desde el aparcamiento. Me desilusionó el Museo de la Mostaza de Dijon porque pensé que iba a estar más relacionado con la elaboración de la misma y que íbamos a visitar una fábrica ¡pero no fue así! Me pensaría volver a alojarme en este hotel de nuevo.
