Se trata de una casa antigüa con todas las comodidades necesarias (y sin las prescindibles, como la televisión) que ayuda a trasladarse a un pasado bien conservado y recreado. La ubicación es muy buena a los pies del castillo de Loches y junto al río que lo separa de un parque excepcionalmente bonito y cuidado. Un remanso de paz aconsejable como base alternativa para conocer la zona si no se quiere pernoctar en Tours, que aunque tiene un centro bonito y animado, quizá sea muy grande para ciertos gustos. El trato es familiar y correcto, la amabilidad es la nota dominante. No tuvimos ningún problema y posiblemente volvamos en el futuro.
