Estuve en este hotel con mi pareja en septiembre de 2009. Es bastante pequeño y la habitación no iba a ser menos; tienes el espacio justo para que pase una persona entre la cama y el armario. El baño también es pequeño pero nos cambiaban todos los días las toallas y reponían los jabones. La verdad es que en cuanto a limpieza no tengo ninguna pega. El ascensor es realmente angosto, es oscuro, está enmoquetado (como todo el hotel salvo los baños) y cogen dos maletas y dos personas delgadas, no más. Las personas de recepción, salvo por un señor, son muy amables y a pesar de que nosotros nos comunicábamos en inglés con ellos hacían esfuerzos por dirigirse a nosotros en español (al final acabamos mezclando los 3 idiomas).
No nos gustó demasiado el bufet del desayuno: la camarera no hablaba inglés, solo francés. La sala es muy pequeña y tan solo había una botela de litro y medio de agua y unos pocos vasos para todo el mundo; si tenías sed y no había ni agua ni vasos te tocaba esperar un buen rato. Había crepes y cruasanes (entre otras cosas), pero como llegases a eso de las 9 ya no había ni rastro de ellos y no sacaban más. Los primeros días ponían Nutella para untar pero debe de ser que se les acabó y se olvidaron de comprar más... Tenían muy poca variedad, la verdad: dos tipos de zumos, macedonia de frutas, alguna galleta, cereales (integrales y del estilo), yogures, embutido (siempre lo mismo: mortadela y salchichón), queso y algo de bollería para los más madrugadores. En los alrededores hay muy pocos sitios para comer sin pagar una fortuna; abundan las tiendas de instrumentos musicales pero para comer hay muy poco. Si algún día vuelvo a París tengo claro que miraré algún hotel por la zona del Moulin Rouge, donde sí que vimos muchas tiendas, restaurantes a precio asequible y mucho más movimiento de gente.
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