Acabamos de regresar de pasar cinco días (1-5 de agosto) en París en el Hotel Mansart. Reservamos nuestra estancia directamente en la web del hotel (las ofertas de verano de su web son inmejorables, incluso tienen el desayuno a mitad de precio), una habitación estandard doble. Llegamos al hotel muy tarde, a las 11 de la noche, porque habíamos sufrido un ligero retraso en el vuelo (un consejo si vais a a lojaros por la zona de la Opera, y llegais al aeropuerto Charles de Gaulle, coged el Roissybus, sale por 8,60 y tarda 45 minutos. Su salida de la terminal 1 es frente a la puerta 30 de la zona de llegadas.) y no tuvimos ningun problema a pesar de lo tardío de la hora.
Nos ofrecieron una habitación situada en la última planta, que no tiene ascensor, pero para compensar las molestias nos dieron una superior a la que habíamos reservado (la molestia no eran mas que subir seis escalones, osea, ninguna).
Teníamos entendido que las habitaciones de los hoteles de tres estrellas de París eran ridículamente pequeñas, pero la que nos tocó no lo era en absoluto, ya que tenía unos 20 metros cuadrados contando el baño. Estaba muy bien decorada, con papel pintado en tonos lilas y blancos, con el cobertor de la cama a juego. La cama era muy grande y cómoda, las almohadas perfectas y la calidad y tacto de las sábanas excelente. En la habitación había además un armario enorme con dos espejos de cuerpo entero y con perchas de varios tipos, caja fuerte gratuita, una almohada más grande perfecta para leer en la cama un mueble bar bastante completo (con precios mas que razonables para París), un televisor (se veía el canal internacional de TVE), una lámpara de pie con un sillón de lectura, un escritorio con dos sillas, un tocador con espejo y mesillas de noche con sus correspondientes lámparas. Eso sí, hay moqueta, lo unico malo. El baño era completo, aunque lo malo es que el WC está en un cuartito aparte, lo que es un poco incómodo para las costumbres españolas. Todo estaba muy limpio y todas las habitaciones tienen aire acondicionado, algo poco frecuente en hoteles franceses de esta categoría.
En cuanto al desayuno, se podía tomar en la sala de desayunos, muy agradable, o en la habitación sin cargo alguno. El desayuno está compuesto por zumo de naranja natural, cafe o te, leche, tres tipos de mermelada, miel, mantequilla (buenísima), croissants, napolitanas de chocolate y pan francés. En la sala de desayunos hya un cesto con las variedades de té que puedes elegir, otro con croissants y napolitanas, otro con quesitos envasados, otros con fresas y frutas y varios envases de compota natural. De esa mesa puedes coger lo que quieras, aunque la camarera (extremadamente agradable y dulce) te traerá de todo. Eso sí, si quieres otro tipo de alimentos, como huevos duros, tortillas y cosas así, tienes que abonar un pequeño suplemento.
En el recibidor del hotel hay en una esquina un pequeño bar de precio muy rezonable, así como un ordenador con conexión a Internet. Por cierto, el hotel tiene WiFi, pero sólo funciona con PC, no con Mac. Y si llueve, hay paraguas a disposición de los clientes.
El personal muy atento, amable y servicial. Lo malo es que no hablan español, aunque sí inglés. Hay uno de los recepcionistas, no obstante, que sí habla y entiende lo suficiente.
Otro punto destacable del hotel es su inmejorable situación, en una esquina de la Place Vendome, justo al lado de la boutique de Bulgari. Llegas andando a las principales atracciones turísticas de París (salvo la torre Eiffel) en unos 10-15 minutos.
por último, destacar que su entorno es super tranquilo, lo que hace que sea bastante silencioso, algo muy agradable cuando retornas a tu habitación tras patearte media ciudad.
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