Elegimos este hotel por su ubicación: cerca de la Torre Eiffel (5-10 minutos andando) y del Arco de Triunfo (15 minutos andando), lo cual nos resultó práctico porque el autobús desde el aeropuerto nos dejó en el Arco de Triunfo y no necesitamos coger el metro para ir hasta el hotel puesto que andando estaba cerca, pero si hubiésemos querido, en Arco de triunfo podríamos haber congido el metro y en dos paradas habríamos aparecido delante casi de la calle del hotel. Así que la ubicación era perfecta para nosotros, que apenas tuvimos que usar el transporte público.
Las habitaciones, teníamos dos de matrimonio, era pequeñitas pero suficiente para dormir y dejar las cosas. Estaba todo muy limpio.
Al no disponer de cocina, el desayuno era buffet frío, no muy abundante, pero suficiente para poder desayunar bien (algo de embutido, queso, mermeladas, mantequilla, yogures, fruta, bollería, pan, zumo, café, té...).
Un problema que encontramos fue que el ascensor estaba casi siempre estropeado, nosotros estábamos en el segundo piso, así que no teníamos mucho problemas.
Los colchones pueden resultar algo blandos para las personas acostumbradas a dormir en colchones duros, como nos pasó a nosotros, aunque yo personalmente dormí sin problemas. También se escuchaba bastante a la gente que pasaba por el pasillo, aunque al ser pasillos pequeños, no pasaba demasiada gente, así que no resultó un gran problema.
Tuvimos un mal entendido porque antes de ir, aunque no teníamos que pagar hasta la llegada, nos hicieron una comprobación en la tarjeta de crédito y, aunque se suponía que es dinero no tenía que salir de nuestra cuenta, sí que había salido, con lo que no teníamos muy claro lo que había que pagar al final porque ellos decían que ese dinero no lo habían descontado. Al final se solucionó todo. El personal es bastante agradable y casi todos hablan español.
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