El ascensor minúsculo cabe una persona con maletas o dos personas sin equipaje, el carrito de sillita plegable de niño no cabe, hay que dejarlo en el trastero de la recepción, en definitiva ascensor incómodo para familias con habitación en el quinto piso como nosotros.
La limpieza justa, lo primero que me encontré en mi habitación, fue el calcetín sucio de algún huésped anterior debajo el banco para colocar la maleta. Los fogones eléctricos de la cocina no los utilizé no me convencian, en cambio el microondas estaba bien. No pedí el set de platos previo pago, preferí comprarme utensilios de plástico.
La habitación antigua, pero perfecta, muy grande y cómoda, el colchón regular, pero ya se sabe.
El desayuno fatal, ponen lo mismo para una familia de tres que para cuatro, el segundo día ya estás harto, es muy justo, solo zumo de naranja y pomelo, si dices que no quieres la mini jarra de pomelo no la sustituyen por otra de naranja o sea que te tomas un chupito de zumo cada uno, cuatro mini mermeladas y mantequillas, una mini caña de chocolate para jugársela a los chinos, un par o tres de mini croissants y cuatro cachos de pan. El peor café del mundo, tipo agua sucia y a correr.
El personal de la limpieza amable, el del comedor no, y los de recepción cambian bastante y van según como les va la luna.
La situación del hotel perfecta, en un sitio muy tranquilo, se puede ir andando a sitios como El Sagrado Corazón o el Moulin Rouge.
- Hotel Alba Opera Paris
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