Es un hotel pequeño y muy bien situado dentro de las murallas de Aigues-Mortes. Si se viaja en coche, hay que dejarlo en el parking del hotel, al que se accede por la parte posterior. La otra opción es dejarlo en los parkings públicos que hay en el pueblo. La decoración está muy bien y mantiene el estilo histórico del edificio. No hay ascensor, por lo que si te alojas en el primer o segundo piso, hay que subir a pie con las maletas. El desayuno, para ser buffet, es un poco flojo, se compone de un par de tipos de zumo de fruta, café o té, cereales, pastas, yogur, pan, jamón y tres tipos de queso.
Las habitaciones son muy espaciosas y cómodas. La cama es grande y cómoda. El baño también es grande y las amenities son correctas. Hay tres tipos de toallas, aparte de las de la piscina, albornoces y zapatillas. El secador de pelo no está en la habitación, hay que pedirlo en recepción.
La zona de la piscina cubierta está muy bien, dispone de jacuzzi, hammam, sauna y aparatos de gimnasio. Como hay pocas habitaciones y el horario para usarlo es muy extenso (hasta medianoche), te aseguras poder usar las instalaciones casi de forma privada, lo que se agradece después de pasar el día de excursión.
Como en Francia está prohibido fumar en las habitaciones de los hoteles, dispones de una zona al aire libre en el jardín, junto al bar y la piscina, donde poder hacerlo.
En la habitación también dispones de caja de seguridad, despertador, minibar con dos botellas de agua cortesía del hotel y bastantes perchas, cosa que se agradece, puesto que en la mayoría de los hoteles no hay los suficientes y te obligan a amontonar la ropa.
En definitiva, un hotel muy agradable donde te puedes sentir un huesped y no un cliente.
- Mazarin Hotel Aigues Mortes
