Estuvimos con mi pareja a principios de febrero del 2011, hacía dos días que habían abierto para la nueva temporada 2011 y realmente nos sorprendió mucho.
Accedimos al hotel por la puerta principal, que es la del bar-restaurante del hotel. El bar ya me fascinó: está repleto de cuadros por todas las paredes y el resto de la decoración del bar está muy cuidada.
En el hall nos atendió un chico muy amable que no tuvo ningún problema con que le habláramos en catalán o castellano. Seguidamente nos enseñó la entrada del hotel, que se encontraba en la calle de detrás del bar. Salimos a una callecita estrecha, típica del centro del pueblo y entramos, a través de una puerta blindada, al edificio contiguo al bar. Subimos 2 plantas por el ascensor y entramos a la habitación (que se abre con una tarjeta).
El chico nos dio el mando de la televisión (que era nueva, de plasma y cogía canales catalanes y españoles) y entramos a la habitación.
A mano derecha, en la entrada, encontramos un armario empotrado, dentro del cuál había una caja fuerte con código. Dentro del armario había perchas, mantas y dos almohadas más por si fueran necesarias (a nosotros no nos fueron necesarias porque las que había ya eran cómodas).
Lo que nos sorprendió más fue que, a primera vista, pensábamos que no había cuarto de baño dentro de la habitación. Fue entonces cuando descubrimos que, detrás de las puertas de lo que parecía otro armario, había un baño completo y totalmente equipado (incluso con calefactor), con toallas, champú, jabón, etc.
Después comprobamos qué vistas teníamos des de la ventana y nos quedamos totalmente encantados cuando vimos que el balcón de la habitación daba directamente al paseo principal que baja a la playa, y que justo enfrente de la ventana teníamos el castillo de Cotlliure, y que a mano izquierda, veíamos toda la playa.
En cuanto al mobiliario de la habitación, también estaba muy cuidado, ya que representa habitaciones como las del s.XV, con el cabacero de la cama en tonos rojos y dorados, o verdes y dorados. También había dos mesitas de noche, un escritorio y dos sillas, y la cama era muy cómoda.
En cuanto a la calefacción, al principio hacía frío, así que bajamos a comentárselo al chico de recepción y nos dijo que vendría rápidamente. Vino, y nos enseñó cómo se encendía la calefacción y al cabo de un rato empezó a funcionar.
Otro elemento a tener en cuenta es el agua de la ducha: contrariamente a lo que pasa en muchos hoteles, el agua salía con mucha presión y la temperatura era fácilmente regulable.
En cuanto al pueblo de Cotlliure, es un lugar precioso. Un lugar para recorrer tranquilamente (preferiblemente en época baja, ya que en verano debe haber mucha más gente de la que encontramos en febrero), y para disfrutarlo de día y de noche.
En resumen: una estancia perfecta en un hotel muy recomendable!
- Hotel Les Templiers
- Hotel Les Templiers Collioure
- Le Templiers
- Hotel Le Templiers
- Le Templiers Hotel
- Collioure Les Templiers
- Le Templiers Collioure
- Les Templiers Hotel
- Collioure Hotel Les Templiers
- Les Templiers Collioure
