Estuvimos en el hotel durante el festival de teatro y lo elegimos por ser algo más barato que los que están en el centro. Aún así, el precio es excesivo (68€) para el servicio ofrecido (posiblemente había algún tipo de recargo por ser las fechas del festival).
La zona es fea, pero cerca de la muralla y el centro histórico. Bastante tranquila, aunque un poco solitaria.
La habitación era cutre, el mobiliario viejo y escaso y olía bastante a humedad. Había aire acondicionado. No cambiaron las toallas en toda la semana y estaban muy ajadas. Las sabanas y la colcha tambien están bastante viejas, lo que aumenta la sensación de dejadez.
El servicio de internet es gratuito, aunque bastante limitado. Es lento y a determinadas horas es imposible acceder a ninguna página ya que se cuelga.
El jardín es agradable.
El desayuno es algo escaso para el precio (7.50€ por persona), croissants de bolsa, zumo de brick y café soluble. Nada del otro mundo.
El servicio es muy malo. No están casi nunca en la recepción. A partir de las 20:00 desaparecen y si necesitas algo debes esperar al día siguiente. No aceptan tarjeta de crédito y no lo advierten hasta el momento de pagar. Teníamos prisa por tomar un tren y tuvimos que retrasar la salida para poder acercarnos a un cajero.
Para tramitar la reserva tuvimos que pagar una fianza de 100€ y en ningún momento se nos proporcionó un recibo. Afortunadamente no hubo ningún problema al respecto.
En general, el trato con el cliente es muy distante, incluso de cierto desprecio.
El hotel no es ninguna maravilla pero con el trato lo estropean definitivamente.
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