He permanecido doce días en el hotel Bristol por razones de negocio, ocupando una habitación doble en uso individual. Por supuesto que las cuatro estrellas son de adorno. Por ejemplo, cuando indiqué que traía algunas ropas que precisaban plancha, de inmediato me subieron a la habitación una tabla de plancha y una plancha bastante elementales para que lo hiciera yo misma. Un día a eso de las 8 de la tarde llamé reiteradamente al servicio de habitaciones sin obtener respuesta, hasta que bajé yo misma al bar, más que cafetería, que tienen abajo, donde me pidieron disculpas por no cojerme el teléfono, ya que estaban superocupados.......y me cobraron 8 euros por una botella de agua que me subí yo misma a la habitación. Respecto del bufet de desayuno....no hay zumos naturales ni te los sirven si los pides y la variedad brilla por su ausencia. La habitación es muy pequeña, lo que más molestaba era el ventilador de pie (increible, pero cierto) que no hacía más que incordiar. En el armario apenas si cabía mi ropa, de ninguna manera la de dos personas. La ducha era un problema porque es raquítica, está a ras de suelo y cada vez que te duchas inundas todo el baño. Desde luego que una persona gruesa no entra en la ducha por el espacio al efecto.Las ventanas necesitaban un repaso y las cortinas estaban sucias, sin ambages. La puesrta de la habitación, de las de todad la vida, nada de tarjeta con banda magnética. la única ventaja de este hotel, que no es barato, es que está a un paso de la estación central de trenes de Frankfurt, razón por la que lo elegí y razón por la que tiene sobre todo gente en viaje de negocios.
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