Elegimos este hotel porque se encontraba entre los "Leading Hotels of the World" y no nos defraudó. Después de haber leído las críticas de esta web, nos pareció curioso y como una "señal" que nos ofrecieran de forma inmediata la habitación 411 y la rechazamos. El personal de recepción tenía curiosidad por saber la razón y les contamos lo de los comentarios de aquí. Nos mostraron una preciosa Suite Junior en la quinta planta y, a pesar de un detalle sin importancia que tenía que ver con la posición de la televisión (y unos cables bastante feos a la vista), la transición fue como la seda. El hotel está en un sitio fenomenal, enfrente de la Catedral y cerca del río (recomiendo el crucero por el Rin); tiene una elegancia sin prepotencias y un servicio discreto pero extraordinario a los que no les podemos sacar defectos. Tiene el encanto del viejo mundo. El desayuno era escaso pero la calidad de los productos era de primera categoría y las mesas estaban muy bien dispuestas (no muy juntas unas de otras ni muy cerca de otros comensales). Cuando nos fuimos estaba lloviendo y nos ofrecieron paraguas para que nos los quedasemos de recuerdo- ¡un final perfecto para un fin de semana maravilloso!
**No malgastes tu tiempo y tu dinero en el museo del chocolate de la ciudad, es un robo total**
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