Estuvimos mi pareja y yo en agosto pasando 4 días y la verdad es que me sorprendió muchísimo. No es el típico hotel de tres estrellas. Se trata de una especie de bungalows. A nosotros nos dieron la habitación árabe que era una maravilla de decoración. Parece que cada habitación está decorada de una manera diferente. Me encantó la atención del personal, tan cercanos y tan naturales, como si fueran de la familia. Las instalaciones son muy normalitas, no están mal, limpias pero para mi gusto les falta un poco de decoración y de cuidado con algunos detalles. Lo mejor, la piscina: eso de estar bañándote en pleno mes de agosto viendo las cimas nevadas de Sierra Nevada al fondo es una pasada. También se come muy bien, eso sí, comida típica, nada de sofisticado.
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