Áunque suene un poco cursi, el nombre no podía ser más fiel a lo que ofrece: sin duda es el hotel con más encanto de los que estado, donde se te ofrece un trato totalmente personal que te hace sentir como en casa.
Las habitaciones están super cuidadas, con una limpieza impecable, y llena de pequeños detalles. Nosotros nos alojamos en la número 4 (en total hay 7 habitaciones), y poseía una pequeña escalerita que conducía a un piso superior con el cuarto de baño (limpísimo) y a un balconcito con vistas al bonito patio típico andaluz que hay a la entrada del hotel. Todo es tranquilidad, te sientes mimado, y además es super silencioso.
La dueña del hotel es una mujer encantadora, todo sonrisa, amable y dispuesta a ayudarnos en todo.
Y lo que más me gustó: no dejen de pedir que traigan el desayuno a la habitación. Te lo llevan a la hora que pidas; lo trae ella personalmente a tu cuarto en una cestita de camping super mona :),; es una gozada tomar el solecito en la terraza tomando un buen desayuno tan primorosamente preparado!
La verdad es que todo suena super cursi, no es propio en mi, pero no me salen otras palabras para describir este pequeño rinconcito en el casco antiguo de Marbella. De verdad que merece la pena conocerlo.
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