En las guías de viaje aparece como hotel de cuatro estrellas, pero no se parece a los cuatro estrellas en los que he estado. La verdad es que disfrutamos, pero no es un “hotel”. Hay una oficina o recepción, con un recepcionista amabilísimo y luego dos habitaciones (una en el loft que queda encima de recepción, al que se llega por unas escaleras de piedra sin barandilla, y la otra es un granero acondicionado) y aparte de eso, hay tres casas esparcidas por una enorme finca. El desayuno se sirve en la habitación o en el patio, a tu elección; no hay restaurante. No vi ninguno de los cerdos que menciona Fodor, pero el recepcionista tenía el perro más grande que he visto en mi vida. Lala es muy tranquilo, pero gigantesco, más grande que un lobero irlandés. Por la noche, cuando se marcha el personal, te quedas solo en medio de la nada. El restaurante más cercano está a unos 8 km y hay otros aún más lejos, todos ellos bueno, pero hay que coger el coche. Fodor también menciona una cocina americana en las habitaciones, aunque desde en la nuestra, que estaba decorada en estilo andaluz tradicional, no había nada de eso. Hay una bonita piscina para saltos y una más grande, pero también algo pequeña, cerca de las casas, pero la verdad es que está casi a un kilómetro y medio cuesta arriba desde la recepción (y desde nuestra habitación). ¡La verdad es que íbamos en coche a la piscina! Pero eso sí, desde allí las vistas eran impresionantes. Si quieres algo diferente y bien alejado de la civilización, este es tu sitio.
