Hotel muy céntrico, situado en pleno centro de la ciudad de Zaragoza, perpendicular a la calle más comercial.
Destacaría la amabilidad del personal, sobre todo del chico, no se si sería el dueño, el caso es que nos cambió la habitación porque yo no la queria cerca del ascensor y antes de irnos nos explicó por donde salir, ya que ibamos en moto y está casi todo cortado por las obras del tranvia y nos regaló una botella de agua fresquita para el camino. Un encanto.
La calidad precio muy bien. Todo muy limpio.
Por 5€ más dejamos la moto en un garaje propio del hotel.
Para mi la única pega es la mala insonorización respecto a las habitaciones pegadas, se oye todo, por lo que me puse unos tapones. El desayuno básico, nada de variedad.
Volvería a ese hotel sin dudarlo.
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