Disfrutamos de dos noches en este pequeño y adorable hotel, ubicado en las afueras de Gijón. Los patios y el hotel son muy tranquilos y proveen de una magnífica base para explorar la zona o simplemente para relajarte.
El hotel es una casa de final de siglo. Nuestra habitación tenía una magnífica vista hacia el oeste y la costa. Estaba muy bien diseñado y tenía todo lo que necesitaras. El dueño es acogedor y muy servicial. Él y su personal proveen un excelente nivel de servicio y están deseosos de responder a cualquier pregunta que tengas.
El desayuno lo sirven en un adorable salón público, y es un bufé de fruta fresca, yogures, carnes, y tartas y panes recién horneados. Aunque es la única comida que el hotel sirve, hay dos excelentes lugares para comer muy cerca.
El hotel está muy cerca de los campos botánicos y de la universidad. Sin duda nos alojaremos aquí en nuestro próximo viaje.
