El hotel está muy bien ubicado, en una zona agradable, a escasos 5 minutos a pie del museo Guggenheim (punto de referencia habitual en la ciudad).
Es un hotel bastante moderno en el que predominan los techos altos en las zonas comunes y restaurantes.
Habitaciones: son muy nuevas. Me gustó que la cortina y la persiana tienen cierre eléctrico, puesto que garantiza la completa ausencia de luz durante las horas de sueño, que aunque parece una tontería, en muchos hoteles se utilizan cortinas que permiten la entrada de claridad. Los colchones no son Dreamax, pero son igualmente muy cómodos. Las camas individuales son suficientemente amplias, y las matrimoniales son por lo menos King Size (aunque me atrevería a decir que pudieran ser "Extra King", ya que el ancho parece mayor de 2m)
Personal: Dpto. de reservas, recepcionistas, camareros del Restaurante Quatre, camarera de pisos, portero de garaje... todos excepcionalmente amables y educados. Un 10 al personal de este hotel.
Restauración: El Restaurante Aizian no lo hemos utilizado, pero parece ser un restaurante con muy buenas críticas donde permitirse un buen capricho. El Restaurante Quatre lo hemos utilizado para cenar. El servicio inmejorable (los camareros muy atentos, con un servicio muy atento y protocolario). La calidad de la comida buena y los precios, acorde a la categoría del establecimiento. La sala del restaurante es acogedora y tiene un buen ambiente. El bar "Q Lounge" igual es un poco caro... pero no es una cafetería de la calle, sino un bar de un hotel de 5*, por lo que si vas a tomar cafés con un grupo de amigos, sabes lo que hay.
Instalaciones: el garaje (creo recordar 23,50 €) es fácil de acceder en cuanto a proximidad a la puerta principal del hotel (y acceso directo por ascensor), pero muy complicada su circulación en el interior. Nos indicaron que debíamos aparcar en la planta -3 y para ello tuvimos que sortear muchas columnas y bajar por pendientes pronunciadas. Probablemente para un vehículo ancho, su acceso es complicado.
Sin duda, la sorpresa de nuestra estancia en cuanto a equipamiento, fue la piscina. Situada en la sexta planta, al aire libre, y con vistas a la Ría de Bilbao, no hay mejor sitio donde relajarse antes de cenar, dentro del agua con una temperatura idónea.
Dada la categoría del hotel, me sorprendieron 2 cosas:
- No ver ningún mozo de equipajes en el check-in y el check-out.
- No hay separación entre el WC y el resto del baño, y la escasez de amenities (un botecito de champú, otro de gel y otro de crema hidratante).
Ninguno de estos aspectos ha sido un problema... y si hubiera necesitado algún producto del baño, lo hubiera podido pedir sin problemas. De hecho, necesité unas zapatillas y la camarera no tardó ni 3 minutos en acercarlas a la habitación.
Las habitaciones reservadas fueron 2 "habitaciones Meliá" de uso doble, en régimen de alojamiento y desayuno, y los servicios utilizados, garaje, cafetería Q Lounge, restaurante Quatre y piscina.
Los puntos menos positivos no hacen sombra a todo lo bueno que ofrece el hotel.
No solamente lo recomiendo, sino que volveré.
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