Llegamos a cala San Vicente el 9 de julio de 2008 con dudas porque nuestra primera intención fue irnos a Menorca pero no teníamos plaza de avión.
Sin embargo sólo puede decir que resultaron unas vacaciones formidables.
El hotel está en primera línea de playa y se accede directamente a la misma desde el propio bar y la piscina.
Cierto es que no tiene unas grandes habitaciones, pero se compensa con el hecho de que son todas con vistas al mar.
La decoración es un poco anticuada aunque las instalaciones están reformadas recientemente (quizá con no mucho gusto), pero la estancia se hace confortable y realmente no falta de nada.
El buffet está muy bien (nosotros ibamos en todo incluído con un bebé de dos años), aunque como todo, es mejorable, por ejemplo los horarios de comida son excesivamente justos (a la comida cerraban el restaurante a las 14:45 y por la noche a las 20:45, con lo cual tenías que darte prisa desde la playa....pero bueno como estaba cerca). Algo que echamos de menos fuecomida orientada a los niños (en otros hoteles que hemos estado te solían poner un pure de niños todos los días y aquí no). También nos sorprendió que para merendar el niño no hubiera posibilidad de tener fruta, con lo cual o comprabas fuera (algo un poco absurdo tratandose de un alojamiento en TI) o bien la tomabas furtivamente en el desayuno...La comida de los adultos era abundante y no pasamos en ningún momento agobio con colas o exceso de personas en el comedor (a pesar de que el hotel estaba completo).
En cuanto a instalaciones, unicamente tiene un par de piscinas (no muy grandes), una de niños y otra de adultos, pero francamente con una playa excelente al lado, la piscina (al menos para mi) sólo la usabamos un poco para que el pequeñín pudiera disfrutar con otros bebés.
Tiene un bar justo a pie de playa con unas butacas muy confortables, y era francamente agradable tomarse algo en la noche,
Los huespédes son mayoritariamente alemanes o ingleses, pero todos de clase media-alta, estremadamente educados (al menos con los que yo coincidí) y muy silenciosos. Justo al lado de este hotel hay otro grupotel, que es de tres estrellas y en el cual hay mayoritariamente italianos, y en el que la tranquilidad era un bien muy escaso, por lo que creo que acertamos, ya que ibamos buscando estar tranquilos y librarnos un poco del estrés del trabajo.
El personal del hotel es muy atento y amigable, la única dificultad es que algunos no saben hablar castellano, aunque en ese caso solían avisar a algún compañero (ya digo que los españoles eramos un caso "raro").
Otro tema que se echa de menos en el hotel es una zona de aparcamiento específica para clientes, sobre todo el fin de semana se complica el aparcar.
Por último comentar que la playa está muy bien (aunque recomiendo especialmente Cala Benirrás...), el agua es muy transparente y no hay dificultades para ver peces de colores.
Por último me atrevo a recomendaros que tomeis un coche de alquiler para vuestra estancia, ya que el Cala San Vicente es muy tranquila, pero lo cierto es que la isla sorprende por la cantidad e espacios maravillosos que tiene.
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