La situación que tiene es lo más destacado de esta casa antigua reformada que no es ningún palacio en sí como pregona su nombre. La decoración sólo en las zonas del salón y salas de estar de la planta segunda de la casa sí alberga mobiliario antiguo y yo diría que, con un tinte algo fúnebre ( y eso que soy aficionado a las antigüedades). La habitación que me tocó bastante pequeña y el jacuzzi del cuarto de baño es algo viejo. Un detalle bueno es que dan las zapatillas para andar por la habitación, así como geles de ducha, cremas, etc. Otra cosa a tener en cuenta es que la casa no tiene restaurante, solo una pequeña cocina desde la cual preparan los desayunos, que por cierto, son bastante escasos y muy alejados del concepto de "brunch" que dice ser. No tienen nada para almorzar, ni para cenar; lo máxiom que te pueden ofrecer son "sandwiches" mixtos y ensaladas. Nada más entrar en la casa, a la izquierda, hay un cuadro con unos demonios que no son muy agradables a la vista ni para el espíritu (menos mal que los ví el último día cuando me iba ya), porque no hubiera dormido ni una sola noche tranquilo. Otra vez más, la decoración fúnebre y anticuada el aspecto negativo a resaltar. Eso sí, nada más salir de la casa te encuentras con la ciudad en pleno centro, así como la Catedral a escasos metros. Lo recomendaría para aquellos que quieran visitar la ciudad en pocos días y quieran estar en pleno centro, pero nada más. Un saludo.
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