Pasamos una semana aquí, a finales de mayo de 2007. El hotel está en un paraje rural muy tranquilo, a unos veinte minutos al sudeste de la Ciutadella, a lo largo de una estrecha y tranquila carretera, por tanto es esencial tener coche. La restauración del edificio es preciosa, con un montón de piedras a la vista y los típicos suelos embaldosados de España por todo el lugar. Así mismo, existe una terraza cubierta muy bonita con muebles de mimbre que da a la piscina donde puedes comer o simplemente sentarte en un sofá. Las habitaciones están bien, son bastante espaciosas, con buenos cuartos de baños y la presión del agua es excelente. La amabilidad, servicio y limpieza son modélicos. A nosotros nos pareció que el desayuno era perfecto, con una buena selección de fiambre y queso, incluido el jamón serrano que es particularmente bueno, y de vez en cuando macedonia de frutas. Fruta, cruasanes, pasteles, huevos cocidos, algunos cereales etc. La cena variaba, algunos platos eran excelentes (la sopa de pescado, macedonia que parecía más bien una fuente de fruta con una explosión de sabores), pero otros sólo eran mediocres, como la berenjena rellena. También servían tablas de jamón, queso o paté de la zona que resultan adecuados para cenar después de haber ingerido en el almuerzo un copioso plato de pescado junto al mar. No tuvimos ningún problema con la cena, mirábamos los menús del día y si nos gustaba uno entrábamos y sino tomábamos una de las tablas o comíamos en Ciutadella donde hay un montón de restaurantes. En suma, es un bonito lugar que recomiendo por completo y al que me encantaría volver para pasar otra semana.