Nos quedamos en este hotel por las fiestas de Navidad y la verdad es que nos gustó, auqnue con algún matiz. Sin duda alguna, lo mejor que tiene es la ubicación, comparado con el Parador o con el Hilton, pues está en el centro de Toledo y no tienes que desplazarte en coche, tienes todo a 10-15 minutos a pie, lo cual es un punto a favor.
Las habitaciones en las que nos quedamos, 110 y 111, son muy espaciosas y cómodas, aunque vimos algunas de la segunda planta y eran mucho más pequeñas. La calidad de las camas y almohadas facilitaban un cómodo y placentero sueño. No había en la habitación zapatillas de ir por casa, cosa extraña, pero si las pedías, te las traían a la habitación. Lo mismo sucedía con los albornoces.
El desayuno era correcto, con un surtido variado, pudiendo pedir platos calientes como huevos, tortillas, bacon, etc al camarero y lo hacían en el momento. La calidad de los alimentos, sin embargo, era normalita, cosa que no debería ser en un hotel de cinco estrellas.
El spa era muy limitado, con una pequeña piscina y algunos chorros de agua, un baño turco y una sauna, y además de pago, cuando muchos hoteles lo incluyen gratuito. El gimnasio apenas tenía una máquina para correr y una bicicleta, haciendo imposible la práctica de deporte si tenías la mala suerte de encontrarte a una persona usando los aparatos.
Por último, el servicio era muy escaso: una sola persona atendía la recepción, verificaba posibles quejas de los clientes y hasta servía el "bar" (si se puede llamar así), provocando que tuvieras que esperar más de lo debido si la persona estaba ausente, o que no te cogieran el teléfono si llamabas para pedir alguna cosa.
Por todos estos pequeños detallitos, creo que el hotel no se merece la categoría de cinco estrellas, aunque es totalmente recomendable si se piensa en visitar Toledo y estar en una buena ubicación, con un servicio muy atento, aunque escaso, eso sí.
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